Dejar ir las historias
EN EL VIEJO BANCO, DEL VIEJO.
¿Sabe lo que quiere decir o no lo sabe, o sabe lo que debería saber, o lo que debería saber no es conocimiento sino una intuición, un pensamiento en el vacío lleno llamado cabeza, detrás del cual se esconde un disco duro, oh, un disco duro tan grande, sí, y el disco duro se llama cerebro, y sabe su cerebro lo que debería saber, o tiene el disco duro un fallo, un error, algo va mal en el sistema, y de la pregunta original de si sabe lo que quiere decir o no sabe, surgen tantas preguntas, cada vez más preguntas, y cuantas más preguntas hay, menos respuestas conoce, y lo que no se conoce no se puede saber, y lo que no sabe no puede saberlo, y lo que no puede saber, por lo tanto, nunca ha sucedido o ocurrido o simplemente no es cosa suya, porque es como es y tal como es está bien, pero, por supuesto, siempre puede ir mejor y, al mismo tiempo, siempre puede ir peor, y los pensamientos revolotean por su cabeza de un lado a otro y no hay descanso, no, no hay descanso, cada vez más rápido y más rápido y, de repente, se encuentra mal, muy mal, y entonces vomita sin más y se libera, porque todo lo que tiene que salir del cuerpo es una forma de liberarse y él siempre ha querido liberarse y ahora lo hace sin más, ¡splash, splach, gluglú, vomito, qué asco, puaj!
Hay una luna. Hay nubes oscuras. Hay un banco. Un banco de madera. Lleva aquí más de sesenta años. Es un banco bonito. Un banco lleno de historias.
Vive de historias, porque las historias son lo que define a una persona, y cada vez que conoce a alguien nuevo, aún no conoce sus historias, y sí, requiere trabajo y paciencia hasta que las historias, a través de gestos, expresiones faciales y palabras, ocupan un lugar en el presente, y una vez que están en el presente, ya no hay vuelta atrás, entonces sigue y sigue, cada vez más rápido y más rápido, y surgen preguntas, tantas preguntas, y cuantas más preguntas hay, menos respuestas sabe y entonces se cierra el círculo y él empieza de nuevo, o quizá no, quizá sea un nuevo comienzo en la rapidez, pero da igual lo que sea, es lo que es y él solo puede aceptarlo y sacar lo mejor de ello o dejarlo todo, pero ¿es eso realmente una opción? Probablemente no, o quizá sí, no lo es, y por eso sigue adelante, porque si sigue adelante, avanza, y avanzar es mejor que mirar atrás, porque quien mira atrás se olvida de vivir, y vivir es importante, porque solo se vive una vez, y como solo se vive una vez, cada día es especial para él, y si cada día es especial, es algo que te permite acumular más experiencias y aprender, entonces es maravilloso y sigue adelante, siempre adelante, cada vez más rápido y más rápido, y eso es bueno, sí, es muy bueno.
Hay una luna. Hay nubes oscuras. Hay un banco. Un banco de madera. Lleva aquí más de sesenta años. Es un banco bonito. Hay un anciano sentado en el banco. Lleva 60 años sentado en este banco. Un banco y un hombre que juntos pueden contar una historia.
A veces, pero solo a veces, aunque a veces nunca y a veces muy a menudo, el destino frustra los planes de la vida y entonces hay que actuar rápido y sacar lo mejor de ello y a veces, pero solo a veces, aunque a veces tampoco o a veces muy a menudo, eso funciona de maravilla, porque así es la vida y, si la vida es así, entonces no hay otra opción, piensa él, no, no hay otra opción, porque, sea lo que sea o lo que vaya a ser, hay que ser flexible y quien es flexible y no espera la próxima decepción, sino simplemente un nuevo día en la vida única, al final será más feliz que muchos o algunas o algunas cosas que solo miran hacia atrás, porque, como se ha dicho, quien mira hacia atrás se olvida de vivir, y ¿qué es lo más importante en la vida? Sí, precisamente vivir, piensa él.
Hay una luna. Hay nubes oscuras. Hay un banco. Un banco de madera. Lleva aquí más de sesenta años. Es un banco bonito. No hay ningún anciano sentado en el banco. Sino un joven. Lleva seis días sentado en este banco. Y cuando una vida se va, otra llega de algún otro lugar.